La importancia de la presencia en las relaciones conscientes

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¡El ingrediente esencial para parejas que apuestan por la autenticidad!

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¿Te gustaría tener una relación basada en el amor consciente, pero sigues con el patrón de conducta de tus anteriores relaciones?

¿Te gustaría dejarte llevar más y bailar junto a tu compañero/a la danza del amor, pero tus miedos, bloqueos y frustraciones no te dejan fluir?

¿Te gustaría tener relaciones sexuales más conscientes y placenteras, pero sientes que no alcanzas la profundidad que te gustaría?

Todas estas preguntas me las formulé yo algún día y creo decir, que a día de hoy, he encontrado muchas de las claves que me han dado la respuesta a tales preguntas.

No son respuestas que pueda darte sacadas de un libro, son respuestas que he encontrado viviéndolas en mi propia piel.

Pero además, me han traído hasta la relación más consciente que he vivido nunca junto a un ser bellísimo.

Juntos estamos explorando las zonas más profundas del amor, esos rincones oscuros y a veces no transitados de nuestro ser y que a veces, ni sabíamos que estaban ahí.

La mejor manera que se me ocurre de definir ésta relación es como una aventura. Una aventura juntos, e individualmente por separado hacia el amor más puro, inocente, noble y honesto que jamás, ninguno de los dos, habíamos podido experimentar con nuestras anteriores parejas.

Una relación que está sanando muchas heridas acumuladas en nuestra piel y en nuestros corazones fruto de la inconsciencia con la que nos relacionábamos antes.

Sufrí mucho hasta llegar aquí.

Me tuve que dar muchos palos, ver como muchas de mis fantasías se derrumbaban ante mis ojos, pero ante todo, vi morir mi ego: ese que me llevaba una y otra vez a elegir parejas que no me ayudaban a crecer personal y espiritualmente como yo quería y necesitaba.

Así pues, todo lo que hoy os contaré, son aprendizajes y respuestas que he encontrado gracias a la vida, gracias a mis propias experiencias, gracias a las caídas y fracasos, a los aciertos y aprendizajes.

Y también gracias a lo que he observado en personas de mi alrededor, amigos y compañeros, los cuáles me han ayudado a comprender profundamente la esencia del ser humano.

Evolucionante, hoy quiero revelarte las claves esenciales para que lleves tus relaciones íntimas a otro nivel, huyendo totalmente de “fórmulas mágicas” y “recetas infalibles”.

¿Por qué?

Pues porque no las hay.

Porque para vivir una relación consciente no valen atajos ni “chapuzillas”. El que te diga lo contrario, miente.

Sigue leyendo, y entenderás mucho mejor lo que te quiero decir.

¡Verás que hay todo un universo por descubrir para llevar tus relaciones a otro nivel!

manos de pareja agarradas

Las relaciones conscientes son para valientes

 

Una relación consciente no nace de la nada. No nace de leerse cuatro libros o asistir a a talleres.

Lo verdaderamente importante es el trabajo personal, la coherencia interior entre tus ideas, palabras y acciones, la perseverancia y la honestidad contigo mismo para mirar dentro tuyo eso que llevas años posponiendo.

Sabes que hay una parte de ti que no aceptas, sabes que hay una parte de tu historia que te duele recordar, sabes que a veces prefieres ponerte más la venda en los ojos que destapar la mentira que has creado a lo largo de tu vida.

Si lo que deseas de verdad es disfrutar de unas relaciones más conscientes vas a tener que ser muy valiente.

Valiente para mirar atrás, valiente para sanar heridas, valiente para mirar a tu interior, y valiente para no poner parches a problemas que vienen de largo pero tú sigues maquillando, porque mirarlos cara a cara, joden, y duelen.

Mucha gente quiere llegar a la cumbre, tener relaciones íntimas y sexuales super satisfactorias, morir de placer y vivir juntos mil momentos buenos, pero quieren llegar ahí dejando atrás historias de vida que no quieren recordar.

Quieren olvidar (como si aquí no hubiera pasado nada) parejas que no se portaron bien con ellas, historias de maltratos y abusos, padres que les hirieron o les amaron incondicionalmente, traumas varios de infancia y de familia.

Comprenderás que con capas de maquillaje la historia no se borra. Las heridas siguen estando ahí, y las heridas seguirán doliendo mientras no sean sanadas.

Para que lo entiendas mejor, te lo diré de otra manera.

Disfrutar de una relación consciente (con todas las cosas positivas que una relación así te aporta) es como el gran regalo que te hace la vida, es como la cereza del pastel o la recompensa por tu trabajo y esfuerzo en tu proceso de crecimiento personal.

Pero las recompensas llegan a los que se lo curran, a los que trabajan duro y perseveran años y años.

A los que se caen y se vuelven a levantar.

A los que lloran por el camino pero no se rinden.

A los que están dispuestos a subir a la cima, aunque les salgan llagas en los pies y les caigan chorros de sudor.

A los que están dispuestos a reventar sus propias cadenas.

No es un regalo que se le dé a cualquiera, y no es un regalo para los que no están dispuestos a desnudarse ante la vida, rindiéndose a ella para, desde un estado de inocencia máxima, volver a explorar y redescubrir todos sus encantos y maravillas.

Es como querer construir una casa empezando por el tejado, sin unos buenos cimientos que la sostengan.

Unos buenos cimientos serían la sanación de tus heridas, el desarrollo de un pensamiento positivo y una autoestima elevada, aprender a vivir desde un estado de presencia, con integridad y coherencia personal, dejando de necesitar compañía y “relaciones tapadera” para no estar solos.

Entonces sí, cuando esos cimientos están bien construidos podemos ir a profundizar en nuestras relaciones sexuales, artes amatorias y técnicas tántricas que nos vuelvan locos de placer.

¿Cómo va a llegar el placer, si hay tanto dolor acumulado en el cuerpo y tantos enigmas de nuestra vida por resolver?

Si estás dispuesto a desvelar el misterio, ¡vamos allá!

Soñando con las relaciones íntimas perfectas

 

Muchas personas sueñan con relaciones sexuales de película, con disfrutar de una relación de pareja increíble, con sentir más placer cada vez que tienen un encuentro íntimo con alguien.

Pero cada vez que les llega el momento…

¡Zasca!

Ostiazo al canto.

Ni es tan bonito, ni es tan placentero ni es tan profundo como a ellos les gustaría.

¿Por qué les pasa eso? ¿Por qué se tropiezan una y otra vez con la misma piedra?

Porque hay un “problema de base” sin resolver: la falta de amor y heridas de infancia.

Muchas personas, sin comprender cuál es la raíz del problema siguen repitiendo el mismo patrón de conducta, buscando fuera la clave de todos sus problemas e insatisfacciones personales.

Pero eso no hace otra cosa que acumular más heridas.

Siguen tropezándose con la misma piedra.

Su autoestima está ya muy tocada.

No han logrado conectar consigo mismos.

Van coleccionando heridas y decepciones, relación tras relación.

Muchos arden por dentro, sedientos de sexo, buscando placeres sensuales constantemente para entretenerse y enmascarar la mediocridad de sus vidas.

Siguen moviéndose en su zona de confort y viviendo sus vidas todavía desde un estado superficial.

No llegan a la máxima profundidad.

No siguen su propia verdad.

Necesitan ir a fiestas, reuniones y actividades constantemente para tener mayores oportunidades de conocer gente y así, una vez más, evadirse de su propia soledad.

Sienten que no son suficientemente buenos y buscan constantemente la validación externa.

Cuentan sus éxitos con números, amantes que han tenido durante un fin de semana o cuántas veces han hecho el amor en el último mes.

Mantienen relaciones íntimas para huir de su propia soledad, para entretenerse y sentirse queridos por alguien.

Se sienten desorientados en las relaciones de pareja y no saben cómo transformarlas para que, de una vez por todas, sean auténticas y conscientes.

Anhelan ser tocados por el alma de su pareja, pero ellos tampoco pueden tocar las almas de sus parejas porque viven alejados de la suya propia.

Muchas de estas personas siguen años y años atascados en el mismo patrón de conducta en sus relaciones sin acabar de encontrar “el quid de la cuestión”.

Piensan que “la culpa” es de sus parejas, de las circunstancias, “de la mala suerte”, de la vida… Siguen engañándose a sí mismos pensando que “ellos no tienen nada que ver con todo eso”.

Otras personas acaban recurriendo a la espiritualidad, a talleres de tantra, a formaciones para mejorar las técnicas de seducción y comunicación. Acaban devorando miles de libros para aprender artes amatorias, como tener más y mejores orgasmos, como controlar su eyaculación o “volver locas en la cama” a sus compañeras… pero un gran “vacío” sigue en su interior.

Siguen coleccionando heridas.

Siguen sufriendo ellos consigo mismos y en sus relaciones de pareja.

Vamos, que siguen mareando la perdiz.

El mayor reto: La presencia

 

¿Qué tienen en común todas éstas personas?

Todas ellas siguen buscando fuera, lo que sólo pueden encontrar dentro.

Buscan en el exterior las claves que sólo pueden encontrar en su interior, sanando heridas de infancia y bloqueos acumulados a lo largo de sus vidas.

No están presentes.

La insatisfacción, la desorientación, las dudas les nublan la vista y la mente.

Y aquí empezamos a llegar “al quid de la cuestión”: La presencia.

La presencia es la clave del éxito en toda relación

Nadie de los que estamos aquí hemos sido educados desde niños para escuchar nuestros cuerpos y aprender a escuchar los mensajes que éste nos envía.

Vivimos en una sociedad adicta a la mentira, que pretende distraernos de lo esencial para aborregarnos, controlarnos y que no lleguemos a saber quien somos.

Mira a tu alrededor.

¿No percibes una sociedad muy orientada a la galería y perdida en placeres externos mientras siguen sin sentirse auto realizados plenamente?

Eso nos lleva al reto de redescubrir el lenguaje de nuestro propio cuerpo para sentirlo mucho más de lo que lo sentimos y, gracias a él, movernos por el mundo de otra forma mucho más presente, consciente y abierta.

Esta educación tan mediocre que hemos recibido hace que muchas personas vivan altamente influenciadas por condicionamientos sociales. Y eso les lleva a actuar de manera autómata, pues tienen muy integrado en sus creencias que deben hacer de esto o aquello de acuerdo a su rol como hombre, como mujer, como esposo o como esposa.

No dirigen sus vidas desde la individualidad de su ser, decidiendo en cada momento lo que quieren o no quieren hacer en base a lo que sienten.

A veces dicen “no” cuando quieren decir “sí” o dicen “sí” cuando quieren decir “no”.

¿Acaso no es esto una locura?

Lo externo les gobierna y acaban haciendo las cosas “para quedar bien con la chica que he invitado a cenar”, “para que no piense que soy un mal chico”, “para que mis padres vean que me porto bien con ellos” o “para que mis amigos me quieran y no me rechacen”.

¡No sabemos quiénes somos!

Pensamos que sí, pero no.

Toda ésta cultura tan influenciada por lo externo, por las opiniones de los demás, por el miedo a los juicios y las críticas, por el miedo a ser rechazados, por dar más poder a otros que a nosotros mismos, tiene unas consecuencias fatales para nuestras relaciones.

El miedo se ha apoderado del mundo entero.

Nos hemos ido alejando cada vez más del estado de presencia con el que vivíamos cuando éramos niños y hemos caído atrapados en la trampa del ego.

Hemos perdido la naturalidad y la autenticidad. Nos hemos traicionado a nosotros mismos haciendo cosas que no nos apetecía hacer sólo para complacer a otros.

Sólo porque nos da miedo decir lo que verdaderamente pensamos y porque nos da miedo mostrar una opinión diferente a lo que mi padre, mi maestro o mi jefe opinan.

Y eso nos ha causado muchas heridas en nuestro niño o niña interior.

Porque nos hemos dejado someter.

Porque hemos callado nuestra verdad.

Porque no hemos defendido nuestros ideales.

¿Qué le pasa a un niño herido que se siente desprotegido?

Pues que para protegerse de todas esas heridas acumuladas desde su infancia crea un montón de corazas y capas protectoras a su alrededor “para no sufrir”.

Lo que él no sabe es que todas esas capas protectoras, le alejan del amor.

¿Y qué es el amor, sino un estado de presencia?

La presencia es el mayor acto de amor que puede existir.

Estoy segura que te gustaría vivir más presente, pero te estarás preguntando como demonios se hace eso.

De acuerdo a mi propia experiencia, déjame que te cuente esto.

 

¿CÓMO PUEDES VIVIR DESDE UN ESTADO DE PRESENCIA?

 

La presencia es el resultado de un crecimiento personal sostenido a lo largo del tiempo, donde después de haber ido atravesando capas y capas de tu ser, llegas a un momento de reencuentro de cuerpo, mente y espíritu.

Es el momento de la reconexión espiritual después de muchos años de división donde tu ser estaba fragmentado a pedazos.

La presencia es el resultado de un proceso de evolución donde todo está impregnado de una gran coherencia y la vida se presenta ante ti de una manera mucho más clara, pues ya has atravesado muchas de las nubes que antes te nublaban.

Para llegar ahí, tienes que estar abierto a la vida, al momento presente, a la experiencia que la vida te traiga, sea cuál sea.

Tienes que estar abierto a escuchar, receptivamente, con el corazón abierto, sea lo que sea que la vida (o los demás) te tengan que decir.

Para vivir desde un estado de presencia, tienes que vivir en tu cuerpo, no en tu mente. Tienes que apagar el ruido de la mente que distorsiona los mensajes constantemente para ver la realidad tal cual es, dejando de estar influenciado por el ego y heridas de infancia.

La presencia requiere lentitud y escucha. Transparencia y honestidad.

Y para que esa presencia se traslade a tu pareja, tienes que estar aquí en cuerpo y alma, totalmente presente para tu compañero o compañera.

Mirándole a los ojos.

Escuchando lo que te dice.

Estando atento a sus gestos, sus palabras, a sus movimientos.

Comprendiendo sus emociones y cómo se siente en cada momento.

Tienes que tener los sentidos abiertos y receptivos, intentar vivir la vida con el corazón abierto, sin dejar de protegerte constantemente y sin ir con miedo a ser herido.

Es importante vivir con el corazón abierto.

De no ser así, lo que harás es vivir “en la película de tu propia mente”, totalmente alejado de la realidad, vamos.

Y tú, ¿en qué mundo eliges vivir? ¿En el real, o el de fantasía?

Vivir en el cuerpo

 

La presencia es el lenguaje inteligente del cuerpo.

Ella nos guía, nos orienta, nos marca el camino a seguir.

Sólo desde un estado de presencia puedo escuchar mi cuerpo y saber qué es lo que quiero, siento o deseo aquí y ahora.

O lo que no quiero.

¿Cuántas veces has hecho cosas de las cuáles te has arrepentido, o has acabado teniendo relaciones íntimas con alguien, y luego no te has sentido bien contigo mismo?

Mucha gente acaba en la cama con alguien con quien de verdad no les apetecía estar, o acaban manteniendo relaciones sexuales sin estar totalmente preparados para ello.

Eso es señal de que tal vez no estabas presente en el momento en que tomaste la decisión.

Seguramente tu cuerpo ya te estaba enviando señales y te enviaba su mensaje de “sí” o “no”… pero tú no le escuchabas porque estabas distraído en la marabunta de pensamientos de tu mente.

O tal vez escuchabas los mensajes de tu cuerpo, pero no has desarrollado la capacidad de comunicar tus verdaderos deseos.

Esos cruces entre “lo que quiero” y “lo que hago” es lo que nos lleva al caos en nuestra vida.

Es vivir en un cuerpo que está creando interferencias constantemente con la mente. Cada uno tira para un lado. Cada uno siente de una manera diferente. Y aquí no hay manera de ponerse de acuerdo.

¿Cómo va a haber paz en una persona que vive en la dualidad y no es capaz de discernir lo que su cuerpo le dice?

Para poder vivir en tu cuerpo desde un estado de presencia, tienes que sentirte bien con él. Y con todo lo que nace de él.

Si sientes rabia, abraza tu rabia y sácala.

Si sientes tristeza, abraza tu tristeza y exprésala.

Si sientes dolor, abraza tu dolor y exteriorízalo.

Si sientes miedo, abraza tu miedo, y transmútalo.

No rechaces nada que nazca de tu cuerpo. Es la oportunidad que la vida te da, una vez más, para que tomes consciencia de algo que está en desequilibrio, para que tú puedas sanarlo.

Es como el semáforo en rojo en la carretera que te dice: ¡Stop!

Para, detente, escucha, respira…

Abrirnos a las emociones sin negarlas ni camuflarlas, aceptándolas tal como son, es esencial para tener buenas relaciones tanto íntimas como no íntimas con otras personas.

Sino, como decía antes, la mente crea interferencias todo el tiempo.

“Seguro que no le gusto como soy”.

“Tengo que entrenarme para ser un hombre auténtico”

“Si se entera que soy así, me dejará”.

“No soy tan atractiva como otras mujeres”.

“Encontrar alguien que me quiera de verdad es imposible”

¿Te suena de algo todo esto?

Pues bien, sé que soy repetitivo pero debes entender que es sumamente difícil mantener una relación consciente basada en la presencia, si antes no sanas heridas de tu infancia, y transformas todos esos pensamientos que te alejan de la felicidad y el éxito en tus relaciones.

No podrás entender de dónde provienen tus miedos y bloqueos en tu edad adulta, si no retrocedes un poco atrás en el tiempo y sientes esa energía acumulada y estancada que algún día se originó por alguna causa en concreto.

Siento ser así de claro y directo, pero olvídate de relaciones íntimas verdaderas y conscientes si no estás dispuesto a ir a las catatumbas de tu ser y desenterrar el polvo que se ha ido acumulando y hace que hoy el diamante no brille.

¡Ante todo responsabilidad de lo ocurrido en tu propia vida!

Y luego ya llegará el placer, los orgasmos, los fuegos artificiales y las luces de colores.

Una relación consciente es el resultado de dos seres comprometidos con su crecimiento personal

 

Conforme vayas liberándote de la carga que llevabas en la mochila en forma de miedos, traumas, bloqueos, inseguridades, frustraciones,… verás que irás viviendo más en el cuerpo que en la mente, irás apostando cada vez por relaciones más auténticas, irás abriendo tus sentidos a la vida, estarás más receptivo y te moverás más por tu intuición.

Eso hará que tus relaciones mejoren también. Las heridas que te impedían amar y abrir tu corazón se irán cerrando y también irás eligiendo parejas que te ayudarán a crecer.

Habrás comprendido qué tipo de pareja quieres a tu lado.

Y apostarás fuerte por ella. Por relaciones conscientes de verdad.

Es importante reconocer tus propios valores para elegir a una pareja que se comprometa y que te ofrezca la oportunidad de crecer juntos.

¿PERO QUÉ ES UNA RELACIÓN CONSCIENTE?

 

Una relación consciente es una relación donde las dos personas que se encuentran se relacionan desde un estado de presencia, en el aquí y ahora. Dejando atrás sus pasados y dejando de vivir planificando sus futuros.

Se relacionan desde un compromiso mutuo donde la integridad personal, la honestidad y la coherencia interior con sus propios valores, son lo primero.

No hay afán de posesión, control o manipulación. El amor incondicional que sienten les lleva a amarse fuertemente, con compromiso, pero al mismo tiempo dejando espacio y libertad al otro.

No es una relación basada en expectativas y proyecciones. Lo único que hay es lo que sucede aquí y ahora en el momento presente entre nosotros dos.

Una relación consciente sólo se produce entre dos seres que se miran mutuamente apreciando la belleza, mirando más allá de las apariencias o del cuerpo físico.

Este tipo de relaciones nacen gracias a un estado de madurez y desarrollo personal. Nada de dramas, de herirse mutuamente, de jugar con las emociones, de testear al otro, de discutirse “por niñadas”.

Una relación consciente no se alimenta de juegos, se alimenta de amor maduro y consciente.

Esto sólo es posible acercándose el uno al otro desde un estado de inocencia y pureza, dispuestos a redescubrirse mutuamente día tras día, a comunicarse abierta y honestamente, dejando atrás ideas, conceptos y prejuicios que puedan alejarles de ese estado de presencia (¡y magia!)

En resumen, el amor consciente es mucho más que un concepto de libro que “suena muy bonito” y he decidido que a partir de ahora mis relaciones serán así también.

El amor consciente requiere de un gran autoconocimiento, apuesta por la verdad, autenticidad y compromiso para penetrar la realidad, mirándola cara a cara tal como es, sin esconderme de nada.

El amor consciente sólo es posible entre dos seres comprometidos y maduros que se lanzan a la aventura de explorar sus propias sombras y vulnerabilidades para crear lazos de unión basados en la presencia.

El amor consciente requiere valentía para sanar heridas de nuestro pasado y poder “fluir” en nuestras relaciones de pareja, sin volver a remitirnos y proyectar en nuestras parejas constantemente “fantasmas de nuestro pasado”.

El amor consciente sucede en el cuerpo, no en la mente. Para ello, hay que entrenar “el músculo de la presencia”, empezando a sentir la vida con cada célula de nuestro cuerpo, abriéndonos a ella con los cinco sentidos.

El amor consciente es un viaje hacia nosotros mismos, donde la vida nos da la oportunidad de redescubrirnos gracias a la relación que mantenemos con otros, donde ellos nos hacen de espejo de eso que somos, de eso que nos duele, de eso que amamos y de eso que rechazamos.

El amor consciente es una gran oportunidad de crecimiento personal y espiritual, donde, si nos abrimos a él desde un estado de inocencia y pureza, podemos transformar no sólo nuestras relaciones íntimas y sexuales, ¡sino toda nuestra vida!

Amigos, espero que todo esto que he compartido hoy con vosotros os haya sido de utilidad, y sobretodo, os ayude a seguir avanzando en las profundidades de las relaciones conscientes.

¡Pero de las verdaderas! No de las que etiquetan como “relaciones conscientes” pero en realidad es una tapadera de relaciones que siguen basándose en aspectos muy superficiales, donde se espera que el otro me satisfaga necesidades que yo no he podido satisfacer en mí.

Ojalá tengáis el coraje y la valentía para atravesar vuestros propios miedos, resistencias y vulnerabilidades, esos que os llevarán a través de las sombras, ¡en dirección a la luz!

¡Feliz vida, llena de amor y plenitud!

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